Volver de tu mano

Hija querida, estamos a más de 11 mil metros de altura, sobrevolando el Atlántico. Hace apenas unas semanas te preguntabas si volverías a viajar en Iberia. Ahora vas en el 47J, al lado de Abu Miriam.

Volvemos por unas horas al lugar donde hemos sido felices. Lo hacemos sin esperar que sea perfecto; bastará con permitir que algo nuevo suceda. Caminaremos de la mano, despacio. Nos detendremos donde nos plazca. Comeremos helados y yo, además, unos churros con chocolate en San Ginés.

En estas horas podremos sentir nostalgia y luego alegría. Hay espacio para todas las emociones en este regreso que encierra una hermosa lección: seguimos amando el territorio y podemos volver con planes que son tuyos y míos.

Tengo muchas ganas de seguir conociendo cachitos del mundo juntas. Esta vez te ofrezco Portugal. Como nos encanta soñar y tenemos muchos pajaritos en la cabeza, nos esforzaremos para que nuestro próximo destino sea Pompeya, esa que conocés con tanto lujo de detalles gracias a los documentales de National Geographic. Allí me tocará seguirte y escuchar todo lo que tenés para contarme.

Vuelvo hoy a Gabriela Mistral, a una estrofa del poema que tantas veces te leí cuando eras bebé:

Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más…

Con amor, mamá.