Nuestras almas se reconocieron por primera vez una mañana ventosa de enero. Te pusieron en mi pecho y tenías esos ojazos tuyos abiertos: unos luceros verdes que me habías mostrado en sueños meses antes de nacer. Medías 47 centímetros de inmensidad, el nuevo eslabón de una cadena de mujeres valerosas: Albertina, Consuelo, Miriam, yo y ahora vos.
Desde tus primeros días rebosabas personalidad, un ‘quítate que voy’. Te hacías sentir y eras muy sociable, como hoy, dispuesta a compartir abrazos con la catizumbada de visitas que recibías. Rechazaste la cuna, jamás tuviste un encierro y el cochecito te sofocaba. Espíritu libre. Eso ha sido lo tuyo desde que saliste del vientre: moverte a tus anchas para cohabitar el mundo. Enorme.
Me maravilla tu autonomía. Recuerdo una mañana del 2022. Tenías cinco años. Despertaste de primera y escuché un trasteo en la cocina, un plato, el microondas. Te habías preparado una tortilla con queso derretido, tu desayuno favorito. Te sonó la tripa, me dejaste dormir y atendiste tu necesidad. Tomaste la vida en tus manos. Audaz. A vos no hay que empujarte, más bien hay que acelerar para seguirte el paso.
Más de una vez sos más solvente que los adultos para expresar tus emociones, tus sentimientos, la causa de tu felicidad o de tu molestia. Llamás a las cosas por su nombre y defendés tus ideas. Me ponés en raya más de una vez, un espejo que me ayuda a mejorar. Chapeau.
Sentís profundamente el dolor ajeno y las injusticias. Te estremecen las personas que pasan sus noches en una acera, los niños en hospicios, la señora que llama a la puerta de nuestra casa una vez al mes y quienes hurgan en las bolsas de la basura. Nunca apartás la mirada, vos respondés a ese dolor con tu compasión.
Sos una diosa poderosa que juega al ajedrez, que se enrolla y se desdobla en gimnasia aérea y que aprende a tocar la guitarra. El arte te habita. Si ves agua tu instinto es zambullirte a buscar vida. Te gustan muchísimo la ciencia y las matemáticas, y proclamás desde hace algunos años que tu profesión será Veterinaria. Parecés dispuesta a intentarlo todo. Bueno, casi todo.
Te veo crecer, tropezar y levantarte. Te veo avanzar y disfrutar. Es un privilegio acompañarte, cuidarte, guiarte y librar algunas batallas a tu lado.
Descendés de mujeres con mucho carácter, pero recordá que la fortaleza no consiste en endurecerse. Tu fuerza residirá en templar tus emociones, sentir sin perderte, pensar con lucidez y ser fiel a tu esencia.
Quedan por delante años preciosos en los que continuarás extendiendo tus alas para luego trazar tu propio plan de vuelo. Hasta entonces, y quizá también después, continuaremos aprendiendo juntas, afianzando nuestra confianza, descubriendo nuevas ciudades y rincones, revisitando sitios amados, celebrando tus logros, tus primeras veces, curando heridas, enjugando lágrimas, compartiendo películas, risas, buscando soluciones, sumergiéndonos en muchos mares, alimentando sueños y haciéndolos realidad. Confío en que, además, sabremos conversar y perdonarnos las veces que sea necesario.
Hoy te he preguntado las tres cualidades que más te gustan de tu personalidad y tu respuesta ha sido una delicia: “pienso positivo, sé quiénes me tratan bien y quiénes no, y me quiero mucho.”
Que la vida te encuentre siempre así: esperanzada, sagaz y eligiéndote.
Mamá.
