La Berkut

Amada hija:

Hace tan solo 20 días que Morita cruzó el arcoíris, tenía 18 años y era una casizagua.

En el año 2009 una compañera de trabajo de tu abuelita la rescató de la calle y, como era de esperar de nuestra matriarca y gerente de la felicidad, la adoptó. Así llegó Morita a San Isidro de Heredia. Era bravísima, mordía cuando menos lo esperabas, le encantaba prensar tobillos con sus dientes, y tenía aversión por los zapatos de vestir de los hombres. Por mérito propio recibió el mote “Berkut”, el nombre de la policía antimotines en Ucrania, y así, ruda, reclamó un lugar enorme en nuestra familia. La conocimos y quisimos en todas sus etapas: la juvenil (muy brava) y la de adulta mayor, una dócil compañera.

Si te dejás, los rescatados cambian tu vida. El Cosmonauta y yo dedicábamos buena parte de nuestro tiempo a ser casa cuna de perritos abandonados, algunos muy enfermos. Los curábamos y los veíamos sanar para luego entregarlos en adopción. En el camino aprendimos que el rescate es mutuo. A muchos les dimos cobijo y a cambio nos regalaron calidez, compañía, cariño y alegría. Así ocurrió con Morita, le ofrecimos un hogar amoroso y ella fue leal y espléndida. La extrañás muchísimo, y yo más. La casa no es la misma sin esa pequeña criatura esperando en la puerta nuestro regreso. 

Este 27 de octubre, Día de Muertos de las Mascotas, creemos que nos visitará su alma y por eso hemos montado un altar. Hoy le alumbramos el camino, aunque sospechamos que Morita Berkut no necesita indicaciones: entrará como siempre, convencida de que esta casa es suya. Y tendrá razón.