Hace unos días me preguntaste qué es la depresión. Acudí a los colores para intentar explicarte algo muy complejo en palabras sencillas. Te dije que es un estado en el que todo puede verse gris. Luego quisiste saber cuándo regresan los colores. Te respondí que comenzar a verlos de nuevo es una señal de mejoría.
Me agradó que sintieras la libertad y la confianza de preguntármelo. En nuestra pequeña familia de dos, he procurado que la salud mental sea un tema del que podamos conversar sin miedo. Confío en la psicología; ese acompañamiento desde la infancia contribuye en el aprendizaje necesario para reconocer y expresar lo que se siente, trabajar en las heridas y comprender cómo afectan la manera de relacionarnos. Por eso tenés tu propia doctora de las emociones.
El calendario está lleno de meses a los que asignamos colores y causas. Septiembre, por ejemplo, se tiñe de amarillo para recordarnos la importancia de hablar sobre la prevención del suicidio.
Verás, la gente habla de su salud digestiva, de sus migrañas, de su presión arterial, incluso de sus medicamentos para perder peso. Pero hablar del estado emocional es más complejo, todavía carga con un estigma. Hay personas que toman medicamentos todos los días para otras condiciones, pero se asustan ante la idea de un antidepresivo. Prevenir el suicidio pasa por hablar de salud mental y acostumbrarnos a que el sufrimiento pueda expresarse en voz alta.
Claro está: no toda persona que atraviesa una depresión piensa en quitarse la vida. Yo he vivido períodos de depresión y he necesitado medicación. Muchas veces he querido que paren el mundo para bajarme, como diría Mafalda. Reconocerlo y buscar ayuda, tanto en la terapia psicológica como en el tratamiento médico, ha sido un acto de responsabilidad y de valentía para cuidarme.
Tan natural es este tema, que se lo conté a quien llamaremos El Poeta. Siete años después, usó aquella información para herirme con el miedo a una enfermedad devastadora. Fue un grito:
“Te he dicho que (nombre de medicamento) te va a dar demencia”.
Creo es el ejemplo más vívido de una regla importante en la prevención del suicido: no usar lo que una persona te confió desde su vulnerabilidad para lastimarla después.
Conozco la depresión y sé lo largo y agotador que puede ser el camino de regreso, pero, como lo he recorrido antes, sé que la recuperación es posible.
Cuando crezcás y leás esto, quizá podás comprender mejor por qué quise hablarte siempre con naturalidad de la salud mental. No quería que crecieras creyendo que pedir ayuda es una debilidad. Quería que supieras que tu mamá atravesó momentos oscuros, buscó ayuda y siguió adelante, y que, incluso en los días en que yo no alcanzaba a verlos, los colores seguían ahí.
Abrazo de Osa Mayor,
Mamá
