Las plantas no tienen garantía

Querida hija:

Fue abuelita Consuelo, tu bisabuela, quien me enseñó a amar las plantas desde la niñez. Con tu edad, yo cabía en una diminuta ventana de 40×40 centímetros para entrar a un patio de luz donde había una selva doméstica. Mi tarea era seguir instrucciones superiores para regarlas y podarlas. Si alguna pintaba mal, la sacaba para ser tratada directamente por sus dedos verdes.

Con los años me inventé una teoría un poco arbitraria, pero entrañable: hay que desconfiar un poco de las viviendas sin plantas. Te voy a contar por qué.

En aquellos espacios donde hay plantas hermosas habita alguien dispuesto a cuidar algo por la simple razón de estar vivo y, más importante, sin saber exactamente qué recibirá a cambio; alguien dispuesto a observar con atención para entender qué necesitan la peperomia, el cacho de venado, el rabo de gato, las orquídeas, la monstera deliciosa, la bailarina, los anturios. Me cautiva quien le habla a las plantas, no porque haya ciencia que lo respalde, sino porque entiende el hábito de la ternura.

Bajo tierra suceden cosas maravillosas. Están las raíces que anclan la planta al suelo y le permiten nutrirse. Vos también tenés raíces que te sostienen. Sabrás siempre de dónde venís, sin importar dónde estés.

Algunas plantas sobreviven a una plaga, un riego exagerado, la falta de agua, una rama quebrada o el exceso de sol porque, pese al daño, la vida se abre paso y tiene una capacidad extraordinaria para reorganizarse.

En casa he colocado la monstera al lado de un ventanal con un soporte vertical. En el nuevo rincón se ha tupido y va trepando muy elegante por el tutor. La luz indirecta le ha sentado de maravilla. Estar en el sitio correcto ayuda a todo ser vivo a crecer.

Quizá harás todo bien y tus plantas se marchitarán. Las plantas cumplen su ciclo y, aunque las hayas cuidado bien, no podrás asegurar su destino. Aceptá el misterio: hay plantas bien cuidadas que morirán y otras que tal vez diste por perdidas y volverán a asomar sus hojas. Cuando tengas macetas vacías te invito a verlas como un espacio donde podés volver a sembrar pensando en el futuro.

Las plantas no tienen garantía. Ningún ser vivo la tiene. Lo que sí encuentro en ellas es esperanza, y por eso vale la pena cuidarlas.

Con amor botánico,

Mamá.